El Sereno: Historia del Vigilante Nocturno de Madrid

El sereno fue durante más de dos siglos el guardián nocturno de las ciudades españolas. Abría portales, controlaba el alumbrado, mantenía el orden en las calles y conocía a cada vecino por su nombre. Una figura entrañable y esencial que desapareció en 1977 con la llegada de los porteros automáticos. En este artículo repasamos su historia, su uniforme, sus curiosidades y quién fue el último sereno de Madrid.

¡¡¡SERENOOOOOOOOOOOO!!! ¡¡¡clap clap clap!!!

Hasta finales de los años 70 del siglo XX, este sonido era de lo más habitual por las noches en las capitales de provincia de España.

¿Qué era el sereno y cuál era su función?

El sereno era una persona que por las noches abría a los vecinos los edificios de la calle haciendo las veces de portero nocturno, salvaguardando además la seguridad de los barrios, evitando altercados, avisando a los bomberos en caso de incendio y controlando el alumbrado público.

Su origen está en el gran tamaño de las llaves de los portones antiguos, que suponían una carga demasiado pesada para llevarlas encima. Debido a ello, se popularizó durante el siglo XVIII la profesión de sereno.

El origen del sereno: Valencia, 1777

Se cree que el primer cuerpo de serenos nació en Valencia por iniciativa del que era su alcalde entonces, Joaquín Fos, en el año 1777, con intención de recolocar a los trabajadores de la industria de la pirotecnia que sufría una mala época debido a una prohibición de la fabricación y consumo de fuegos artificiales.

El cronista Pedro Felipe Monlau describe en el capítulo Alumbrado y Serenos de su libro Madrid en la mano (1850) la realidad de los serenos en el siglo XVIII:

«En 1798 se crearon los serenos, reuniendo este ramo con el de alumbrado… Esta contribución de farol y sereno se aumentó desde el primero de enero de 1820 hasta 120 reales».

A partir de 1854 se unificaron en España las misiones de sereno y farolero. Recomendamos también la lectura de Faroleros y serenos (1976) de la historiadora María del Carmen Simón Palmer.

¿Por qué se llaman serenos? El origen del nombre

Su nombre proviene de que los primeros serenos, además de sus funciones de vigilancia, informaban de la hora y del tiempo al grito de «las doce en punto y lluviaaa». En verano, como casi nunca llovía, lo que solían gritar era «las doce en punto y serenooo», y la gente de tanto oír su canto empezó a llamarles así para diferenciarlos de otro tipo de vigilantes.

Uniforme, herramientas y requisitos del cuerpo de serenos

Los requisitos para entrar a formar parte del Cuerpo de Serenos consistían en no tener antecedentes policiales, medir cinco pies de altura como mínimo (un metro y medio, la media española de la época), tener voz fuerte y clara y estar entre los 20 y 40 años de edad.

En principio iban uniformados con un capote gris (que después se cambiaría por un batín), gorra de plato e iban armados con una garrota o chuzo, un palo de madera acabado en una punta de hierro. Además llevaban un silbato de bronce para avisar a las autoridades en caso de altercado o incendio y para comunicarse entre ellos.

Hubo un momento en el que llegaron a hacer sonar el silbato por cualquier situación, tuviera o no gravedad, así que la policía optó por ignorarles. De ahí viene la expresión «te han tomado por el pito del sereno», que significa que no te toman en serio.

Los serenos en Madrid y otras ciudades

En Madrid había serenos por toda la ciudad: desde el Paseo del Prado y la zona del Parque de El Retiro hasta el barrio de Vallecas, por la zona del cerro del Tío Pío.

En la ciudad de Badalona, los serenos tenían una función especial: despertar a los pescadores. Cada uno indicaba su hora de despertar mediante un código de nudos atados al picaporte de su casa. Tres nudos significaba las tres de la madrugada; tres nudos y un lazo, las tres y media.

Durante la época del franquismo, los serenos ejercían en cierto modo de vigilantes nocturnos para salvaguardar el modo de vida impuesto por la dictadura. Muchos de ellos provenían de Asturias, porque era un oficio que se heredaba de padres a hijos y era habitual que entre ellos se recomendaran unos a otros para las plazas vacantes.

El problema es que los serenos no tenían sueldo ni seguridad social — vivían de las propinas de los vecinos y de lo que les daban algunos comercios a final de mes. Esta fue una de las principales razones por las que el oficio fue desapareciendo progresivamente.

El último sereno de Madrid: Manuel Amago

La figura del sereno en España desapareció en el año 1977 con la llegada de los porteros automáticos y la modernización de las cerraduras. De las tareas de vigilancia de las calles empezó a ocuparse la policía local.

Para muchos madrileños los serenos forman parte de sus recuerdos de infancia: guardianes de las calles y confidentes de secretos inconfesables. El último sereno de Madrid fue Manuel Amago, homenajeado por la Comunidad de Madrid con una placa conmemorativa en la calle Doctor Gómez Ulla (barrio de Salamanca), entre los portales 8 y 10, donde puede leerse: «A Manolo Amago, el último sereno de Madrid, en agradecimiento a sus servicios desde 1956».

No os perdáis esta entrevista que le hicieron en Radio Nacional de España (minuto 27:18 al 39:41):

Referencias culturales: literatura, cine y prensa

Los serenos están muy presentes en la cultura española. En la prensa encontramos referencias como esta noticia publicada por el diario ABC el 18 de agosto de 1954, que relata la agresión sufrida por dos serenos en Puente de Vallecas: «Dos serenos fueron apuñalados esta madrugada en el Puente de Vallecas».

En la literatura, Gloria Fuertes les dedicó un poema memorable en Mujer de verso en pecho:

«El sereno era pasto de la noche, / entendía de gritos de mujeres, / sabía si parían o gozaban / y reía o llamaba al cirujano. / El sereno era un hombre misterioso, / se afeitaba debajo de la luna / y fumaba cigarros prohibidos.»

En el cine, los serenos están muy presentes en las películas costumbristas de la posguerra. La más conocida es El guardián del paraíso, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, donde interpreta a un sereno madrileño.

Del sereno a la conserjería moderna

Los serenos eran guardianes de las calles e incluso confidentes de secretos inconfesables. Hoy, aunque la figura del sereno ha desaparecido, su función esencial — cuidar el edificio, estar disponible para los vecinos y garantizar la seguridad — sigue más vigente que nunca gracias al servicio de conserjería profesional.

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