Entre los siglos XVI y XIX existieron cientos de profesiones y oficios que hoy han desaparecido por completo, sustituidos por las máquinas, la tecnología o simplemente por cambios en los hábitos de vida. Muchos de estos oficios dieron origen a apellidos que aún llevamos hoy — Herrero, Zapatero, Carbonero, Botero — y que son el último rastro de una profesión que alguien ejerció hace siglos. En este artículo repasamos algunos de los más curiosos e interesantes. ¿Los conocías todos?
¿Por qué desaparecieron tantos oficios antiguos?
La revolución industrial del siglo XIX fue el gran punto de inflexión. Las máquinas sustituyeron a muchos trabajos manuales que hasta entonces requerían años de aprendizaje y destreza. Otros oficios desaparecieron por cambios en las infraestructuras urbanas — el aguador dejó de ser necesario cuando llegó el agua corriente a los hogares, el sereno cuando aparecieron los porteros automáticos — y otros simplemente porque los materiales o productos que fabricaban cayeron en desuso.
Lo que sí permanece es la esencia de muchos de estos oficios, transformada y adaptada a los tiempos modernos. En AVANT Servicios nos reconocemos herederos de esa tradición de servicio y cuidado de los espacios comunes que ejercían muchos de estos profesionales.
Oficios antiguos relacionados con la alimentación y el comercio
Adobero (o Sazonador) — Preparaba el adobo para sazonar y conservar alimentos, especialmente la carne de cerdo. Hoy de esto se ocupan directamente los carniceros.
Aguador — Transportaba y vendía agua cuando no había agua corriente en las casas. Una profesión esencial en las ciudades hasta bien entrado el siglo XIX.
Cenachero — Pescador que llevaba pescado fresco en su cenacho o espuerta de esparto e iba pregonando por las calles, haciendo bailar sus espuertas para llamar la atención.
Cerillero — Fabricaba y vendía cerillas y tabaco en tabernas y locales. Una figura muy presente en las calles de Madrid hasta principios del siglo XX.
Cigarrero — Elaboraba y vendía cigarros. En Madrid, las cigarreras de la Fábrica de Tabacos fueron una de las primeras grandes concentraciones de mujeres trabajadoras de la historia.
Cillero — Guardaba y repartía los granos y frutos de los diezmos en la cilla o despensa comunal.
Conejero — Criaba y vendía conejos, un producto de primera necesidad en la alimentación de las familias.
Conservero — Producía conservas de productos frescos para su consumo una vez terminada la temporada, antes de que existiera la refrigeración.
Especiero — Elaboraba y vendía especias para condimentar las comidas. Las especias eran en aquella época artículos de lujo de gran valor comercial.
Oficios antiguos relacionados con la artesanía y la fabricación
Abarquero — Fabricaba abarcas, un calzado de madera, cuero o caucho que cubría solo la planta del pie. Era similar a un zapatero actual pero especializado en este tipo de calzado.
Alambiquero — Trabajaba en el alambique, donde se elaboraban bebidas alcohólicas mediante destilación.
Ballestero — Fabricaba ballestas, el arma de proyectiles más utilizada antes de la generalización de las armas de fuego.
Batanero — Encargado del batán, un artilugio que gracias a la fuerza del agua movía unos grandes mazos de madera que golpeaban los paños para compactarlos y mejorar su textura.
Botero — Fabricaba y vendía botas para vino, aceite u otros líquidos. Un oficio esencial en una época en que no existían los recipientes de plástico ni el vidrio industrial.
Calderero — Fabricaba artículos metálicos, normalmente de hojalata o cobre, para uso doméstico.
Cardador — Se encargaba de preparar la lana para tejerla después, peinándola y separando las fibras con un cardo o peine metálico.
Cestero — Fabricaba cestos y cestas a base de cañas y mimbre, un oficio que todavía sobrevive de forma artesanal.
Colchonero — Fabricaba, reparaba y vendía colchones de lana. Los colchones de lana tenían que ser vaciados y vareados cada cierto tiempo para redistribuir bien la lana dentro de su funda — un trabajo de mantenimiento que ocupaba a familias enteras.
Cordelero — Fabricaba y vendía cuerdas, cordeles y otros productos de cáñamo, imprescindibles para la agricultura, la pesca y el transporte.
Cubero — Fabricaba o vendía cubas y otros recipientes de madera para contener agua, vino, aceite u otros líquidos.
Cucharero — Fabricaba cucharas y otros utensilios de madera o metal para uso doméstico.
Esenciero — Destilaba esencias de plantas aromáticas, un precursor de la industria de la perfumería moderna.
Espadero — Fabricaba, componía y vendía espadas. Un oficio de gran prestigio social en la época en que las espadas eran símbolo de estatus y poder.
Espartero — Se dedicaba a trabajar el esparto, fabricando esteras, capazos, sandalias y otros objetos de uso cotidiano. Un oficio que todavía sobrevive de forma artesanal en algunas zonas de España, como puedes ver en este reportaje de RTVE sobre el oficio del espartero.
Hilandera — Convertía en hilo la lana cardada, trabajando con una rueca o torno de hilar. Un oficio ejercido casi exclusivamente por mujeres durante siglos.
Hojalatero — Fabricaba, reparaba y vendía vasijas y otras piezas de hojalata para uso doméstico e industrial.




Oficios antiguos relacionados con los servicios y la vida urbana
Aceñero — Trabajaba en la aceña, el clásico molino de agua situado dentro del cauce de un río.
Aladrero — Se dedicaba a construir carros, carretas, arados y aperos para la labranza.
Alimañero — Se encargaba de exterminar a las alimañas y controlar las plagas. Un precursor de los actuales servicios de control de plagas.
Ama de cría o nodriza — Criaba o amamantaba a niños que no eran suyos, habitualmente de familias adineradas cuyas mujeres no podían o no querían dar de mamar a sus hijos.
Arriero — Transportaba madera y otros materiales ayudado por bestias de carga, haciendo las veces de transportista en una época sin carreteras ni vehículos de motor. Un oficio tan extendido que dejó expresiones populares que usamos aún hoy — RTVE dedicó un reportaje a la historia de los arrieros que merece la pena ver.
Barbero — Peluquero que arreglaba la barba y cortaba el pelo. Durante siglos realizaron también funciones propias de los cirujanos, como sangrados o extracción de muelas. En el ambiente rural era lo más parecido a un médico al que podían acceder la mayoría de personas.
Borrero (o Verdugo) — Encargado de ejecutar a los reos. Los verdugos llevaban una máscara característica para que las gentes no pudieran reconocerlos, aunque en los pueblos pequeños todo acababa sabiéndose.
Boyero — Persona que cuidaba y custodiaba los bueyes, animales de trabajo imprescindibles en la agricultura.
Calafatero — Se dedicaba a calafatear las barcas, sellando las junturas de las maderas con estopa y brea para que no entrara agua.
Cantero — La persona que extraía piedras de las canteras o las labraba para la construcción.
Carbonero — Fabricaba y vendía carbón de leña para calentar las casas. En Madrid, en los portales de las casas antiguas del centro todavía es posible ver las carboneras donde se almacenaba.
Cazador — Se dedicaba profesionalmente a la caza de animales para alimentar a las familias o abastecer los mercados.
Despertador — Una de las profesiones más curiosas de esta lista. Mediante una varilla larga, despertaba por la mañana a quien se lo pedía para que pudiera acudir a tiempo a sus citas tempraneras — un despertador humano en una época sin relojes de alarma.
Escribano — En tiempos en que la mayoría de la población era analfabeta, los escribanos escribían cartas y documentos o leían en voz alta los que recibían sus clientes. Una profesión de gran importancia social y económica, de la que la Biblioteca Nacional de España conserva numerosos documentos y manuscritos de la época.
Ganchero — Transportaba troncos por flotación aprovechando la corriente de los ríos, haciéndose balsas para ir encima de ellos y guiándolos con largos ganchos. Una profesión de gran riesgo físico.
Herbolario — Recogía o vendía hierbas y plantas medicinales, haciendo las veces de farmacéutico en las zonas rurales.
Herrador — Encargado de herrar las caballerías, colocando las herraduras metálicas en los cascos de caballos y mulos para protegerlos.
Del oficio antiguo al servicio profesional moderno
Muchos de estos oficios no han desaparecido realmente — se han transformado. El alimañero es hoy una empresa de control de plagas. El calafatero es un técnico de mantenimiento de embarcaciones. El carbonero es una empresa de suministro energético. Y el sereno — uno de los oficios más queridos de la historia urbana española — es hoy el servicio de conserjería profesional que cuida los edificios y comunidades de vecinos.
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