Profesiones antiguas desaparecidas: oficios olvidados de los siglos XVI al XIX (2ª parte)

Continuamos con el repaso a los oficios antiguos desaparecidos entre los siglos XVI y XIX, sustituidos por las máquinas, la tecnología o los cambios en los hábitos de vida. Si no has leído la primera parte de profesiones antiguas desaparecidas, te recomendamos empezar por allí. En esta segunda entrega encontrarás desde el limpiabotas hasta la plañidera, pasando por el organillero y el sereno — uno de los oficios más emblemáticos de la historia urbana española.

¿Qué tienen en común todos estos oficios?

Muchos de los oficios que verás en esta lista comparten una característica: eran servicios esenciales para la vida cotidiana que hoy están cubiertos por empresas especializadas, administraciones públicas o simplemente por la tecnología. El recadero es hoy una empresa de mensajería. El lucero es hoy la compañía eléctrica. El trapero es hoy el servicio municipal de recogida de enseres. Y el sereno — como ya contamos en detalle en su propio artículo — es hoy el servicio de conserjería profesional.

Oficios antiguos relacionados con la alimentación y el hogar

Jabonero — Cuando no había empresas de cosmética, para comprar jabón había que acudir a este profesional que fabricaba sus propios jabones caseros con sebo animal y cenizas vegetales.

Lechero — Ordeñaba las reses y vendía la leche, en ocasiones sirviéndola a domicilio. En el centro de las ciudades había vaquerías donde tenían a sus propias vacas — en Madrid era habitual encontrarlas en los bajos de los edificios del casco antiguo.

Matarife — Se encargaba de sacrificar y descuartizar a las reses para el consumo de su carne. Un oficio esencial antes de la industrialización de la cadena alimentaria.

Peguero — Elaboraba alquitrán y pez, materiales imprescindibles para impermeabilizar embarcaciones, barriles y tejados.

Piconero — Fabricaba o vendía picón, un tipo de carbón de pequeño tamaño muy utilizado para los braseros domésticos.

Resinero — Se dedicaba a extraer resina de ciertos árboles, como los pinos, realizando cortes en su tronco. La resina era materia prima para barnices, adhesivos y medicamentos.

Setero — Hombre de campo especialista en la selección y recolección de setas silvestres, con un conocimiento profundo de las especies comestibles y venenosas.

Vaquero — Se dedicaba a la cría y venta de vacas y su leche, un oficio estrechamente relacionado con el lechero en las ciudades.

Vinatero — Producía vino y en ocasiones también lo vendía directamente al consumidor final.

Yesero — Extraía y elaboraba el yeso para la construcción, un material de uso cotidiano en la edificación tradicional.

Oficios antiguos relacionados con la artesanía y la fabricación

Monedero — Aunque hoy un monedero es una bolsita para guardar monedas, antiguamente eran los profesionales que se dedicaban a fundir metal para fabricar o acuñar monedas por encargo de los reinos y señoríos.

Pasamanero — Artesano que producía objetos de seda y otras fibras textiles como cintas, ornamentos y bordes decorativos para la indumentaria y el mobiliario.

Pelaire — Trabajaba la lana en cualquiera de las fases del proceso de elaboración del hilo: clasificación, lavado, cardado o peinado.

Perfumero — Elaboraba perfumes y aguas de colonia de forma artesanal, destilando plantas aromáticas y mezclando ingredientes naturales.

Quincallero (o Quinquillero) — También conocido como «merchero». Se dedicaba a arreglar y vender objetos de metal y era tradicionalmente nómada, recorriendo pueblos y ciudades con su mercancía.

Sillero — Fabricaba o vendía sillas y otros muebles, un oficio especializado que requería gran destreza en el trabajo de la madera.

Soguero — Fabricaba o vendía sogas y cuerdas, imprescindibles para la agricultura, la ganadería y el transporte.

Sombrerero — Fabricaba, reparaba o vendía sombreros. En Madrid todavía existen algunas sombrererías artesanas que mantienen vivo este oficio.

Talabartero — Fabricaba talabartes de cuero, cinturones para llevar espadas u otras armas y herramientas antiguas.

Tejero — Fabricaba tejas y ladrillos a base de barro cocido, un oficio fundamental para la construcción tradicional.

Tintorero — Teñía pieles y telas con colorantes naturales. Este oficio todavía puede verse en países como Marruecos y la India, donde las tenerías artesanales son una atracción turística.

Tornero — Trabajaba en el torno la madera, el hierro o la piedra para conseguir formas cilíndricas precisas.

Tundidor — Cortaba con tijera el pelo de los paños para igualar su superficie y darles el acabado final.

Velero (o Cerero) — Fabricaba y vendía velas como elemento de iluminación cuando no existía la luz eléctrica. Un oficio de primera necesidad durante siglos.

Vidriero — Trabajaba y vendía objetos de vidrio, desde vajillas hasta ventanas emplomadas.

Oficios antiguos relacionados con los servicios y la vida urbana

Lavandera — Las lavanderas de los ríos fueron durante siglos el equivalente de las actuales lavanderías industriales, reuniéndose en los lavaderos públicos donde también intercambiaban noticias y rumores del barrio.

Limpiabotas — Se encargaba de limpiar y lustrar el calzado de los clientes con betún. Un oficio desarrollado frecuentemente por niños. Hoy en día sigue vigente en algunos puntos de las ciudades, aunque cada día cuesta más encontrarlos.

Lucero — Se encargaba, en los primeros años de uso doméstico de la luz eléctrica, del mantenimiento de la línea, de controlar el consumo y cobrar a los abonados. Un precursor de los actuales técnicos de mantenimiento eléctrico.

Morillero — Servía a los trabajadores del campo para llevarles o traerles recados desde el pueblo cuando estaban de faena. Un precursor del servicio de mensajería.

Organillero — Reproducía piezas musicales haciendo girar la manivela de un organillo portátil. En las fiestas tradicionales de Madrid todavía es bastante habitual verlos, manteniendo viva una de las estampas más queridas del folclore madrileño.

Partera — Comadrona que ayudaba en los partos. Durante siglos fue el único apoyo médico disponible para la mayoría de las mujeres en el momento del parto.

Plañidera — Mujer a la que se contrataba para asistir y llorar en los entierros de las familias adineradas, que no permitían que se las viera llorar en público al considerarlo una señal de debilidad. Una profesión tan curiosa como reveladora de las costumbres sociales de la época.

Recadero — Llevaba recados o mensajes de un lugar a otro, haciendo las veces de servicio postal privado antes de que existieran los sistemas de correo modernos.

Sereno — Vigilante que rondaba de noche por las calles para velar por la seguridad de los vecinos, abrirles los portales y controlar el alumbrado público. Uno de los oficios más queridos de la historia urbana española — puedes leer su historia completa en nuestro artículo sobre el sereno, el vigilante nocturno de Madrid.

Tornera — En los conventos de clausura, la monja encargada de vigilar el torno — el mecanismo giratorio a través del cual se comunicaban con el exterior — y a través del cual también se recibían los niños huérfanos que eran abandonados.

Torrero — Se encargaba de custodiar una torre, atalaya o faro, vigilando el horizonte para avisar de posibles peligros o guiar a los barcos en la costa.

Trapero — Compraba y vendía trapos y otros objetos usados. Hoy ese servicio lo realizan directamente los ayuntamientos con sus servicios de recogida de enseres.

Al igual que ocurría con los oficios de la primera parte, muchos de estos trabajos no han desaparecido realmente — se han transformado. El lucero es hoy un técnico de mantenimiento eléctrico. El recadero es una empresa de mensajería. El trapero es el servicio municipal de recogida de enseres. Y la esencia del sereno — cuidar el edificio, conocer a los vecinos, estar disponible — sigue vigente en el servicio de conserjería profesional de hoy.

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¿Te ha gustado este repaso por los oficios del pasado? No te pierdas la primera parte de profesiones antiguas desaparecidas o descubre la historia completa del sereno, el vigilante nocturno de Madrid.

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